“Il trillo del diavolo”

 

Giovanni Paolo Cima (ca.1570 - ca.1622)
Sonata prima per violino e violone

Giovanni Battista Fontana (¿ - ca.1630)
Sonata terza
Sonata sesta

Johannes Hieronymus Kapsberger ( ca.1575 – ca 1651)
Toccata VII
Passacaglia
Gagliarda V

Dario Castello (c.1590-1644)
Sonata quinta
Sonata prima

Giovanni Battista Granata (1622 – 1687)
Sonata per chitarra, violino e basso

Dario Castello
Sonata seconda


Laberinto armonico
Leonardo Rossi, violín
Sara Ruiz, viola da gamba
Juan Nieto, guitarra barroca
Rafael Muñoz, tiorba

 

 

 

Notas al programa


Laberinto armonico es el título de un concierto para violín compuesto por el virtuoso de este instrumento Pietro Locatelli en 1733. Otro de los mejores violinistas de todos los tiempos, Giuseppe Tartini, compuso en 1765 una sonata que subtituló “Il trillo del diavolo” (el trino del diablo) en recuerdo de un sueño en el que Lucifer intentaba comprar su alma tocando para él la música de esta sonata. Tanto el concierto de Locatelli como la sonata de Tartini son obras que representan la culminación en el barroco tardío de una revolución musical que se inició a principios del siglo XVII en Italia; en el marco de esta revolución, la libertad formal y el potencial expresivo que permitieron la teoría de los afectos y la seconda prattica comenzaron a aplicarse a la música instrumental pura, que poco a poco fue ganando un estatus independiente al margen de la música vocal acompañada de instrumentos. Esta independencia se cimentó sobre dos conceptos claves: la audacia experimental y el progresivo desarrollo del virtuosismo propio de cada instrumento. La libertad creadora del barroco temprano potenció la búsqueda de nuevas formas, de nuevos registros instrumentales, de novedosos modos de expresión basados en el contraste (como el claroscuro en la pintura), buscando conseguir la sorpresa y la conmoción en el oyente, antes que el orden basado en un lenguaje común. Esta filosofía propició que se abordaran muchos y diferentes géneros aportando soluciones muy variadas; basta echar una ojeada al programa propuesto para admirarse de este torrente de posibilidades:

La Sonata en sol menor de Paolo Cima es una pieza escrita en el estilo severo imitativo de la sonata de iglesia, aunque combinado ya con pasajes instrumentales más libres. Su belleza es serena y contenida y su función en el programa es similar a la de un pórtico en el que podemos adivinar los secretos que guarda el edificio y que se desarrollan en su interior. En contraste, las Sonatas terza y sesta de Giovanni Battista Fontana son un derroche de optimismo y vitalidad rítmica en la que las secciones de carácter abierto predominan claramente sobre las más oscuras y melancólicas, propias de las tonalidades menores. Las sonatas de Dario Castello representan la culminación del estilo virtuoso e improvisatorio del primer barroco y consiguen momentos de altísima expresividad en secciones muy contrastantes y en las que los instrumentos acompañantes participan en ocasiones de la pirotecnia desplegada por el violín solista.
Por su parte, la Toccata y las dos danzas de Kapsberger son un brillante ejemplo de la aplicación en la tiorba de estas ideas rupturistas del primer barroco, explotando al máximo los recursos idiomáticos propios de este instrumento: aprovechamiento del registro de los potentes graves, sonoridades de campanelas, rápidas escalas en ligados ascendentes y descendentes, veloces arpegios, cambios de color tímbrico, etc. Esta utilización de un instrumento de cuerda pulsada como solista es también desarrollada por Granata en su Sonata para Guitarra, Violín y Bajo continuo, aunque con un concepto más camerístico que el de Kapsberger (al añadir el violín como instrumento concertante) y más refinado y elaborado en cuanto al desarrollo formal.

 

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